Estad quietos, y conoced que yo soy Dios: ensalzado he de ser entre las gentes, ensalzado seré en la tierra.
Un momento para estar en quietud
Reflexión
Cuando tenemos la mente llena de pensamientos, estar en quietud puede parecer una tarea más. Sin embargo, el llamado de este versículo no nos exige lograr que la mente quede perfectamente en silencio. Nos pide detenernos el tiempo suficiente para reconocer quién es Dios. No necesitamos fabricar certezas antes de dirigir nuestra atención hacia él; podemos comenzar haciendo una pausa.
Las palabras pasan con rapidez de una persona que escucha a las naciones y a toda la tierra. Ese horizonte que se amplía importa. La identidad de Dios no depende de que nos sintamos serenos, y su exaltación no se limita al pequeño ámbito de lo que podemos ver hoy. El versículo orienta nuestra atención más allá de nosotros mismos, sin restar importancia a lo que tenemos cerca.
Estar quietos puede ser tan sencillo como dejar un breve espacio entre un pensamiento y lo siguiente que hacemos. Podemos reconocer lo que nos apremia sin exigirnos resolverlo todo en ese espacio. Una pausa quizá no cambie nuestras circunstancias. Sin embargo, puede darnos un momento en el que nuestra necesidad de actuar o de dar explicaciones no ocupe el centro de nuestra atención.
Las palabras finales vuelven a hablar de la exaltación de Dios en toda la tierra. No nos piden que la hagamos realidad a fuerza de empeño. Podemos acoger el contraste que presentan: nuestra perspectiva es parcial, pero lo que afirma el versículo abarca mucho más. Hoy, un pequeño momento de quietud puede ser una manera de reconocer que Dios es Dios, se aquieten o no nuestros pensamientos.
Contexto
El Salmo 62:5–8 describe la espera en silencio ante Dios y llama a confiar en él y a derramar el corazón delante de él.
1 Pedro 5:6–7 relaciona la humildad ante Dios con poner las preocupaciones bajo su cuidado.
Llévalo contigo hoy
Reserva un minuto hoy para hacer una pausa y reconocer a Dios, sin intentar resolver cada pensamiento.
Oración
Dios, enséñanos a hacer una pausa y a reconocerte como Dios. Ayúdanos a dar lugar a tu grandeza sin fingir que nuestras preguntas han desaparecido. Amén.
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